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¿A qué le estoy llamando dignidad? ¿al orgullo? ¿a la obstinación? ¿a la conciencia de sí mismo sin amor? ¿Afirmarse a cualquier precio por encima del ajeno dolor? ¿ignorancia del dolor ajeno? ¿olvido del deber?
¿Cómo trazar la dignidad sin que toque al pecado? ¿Cómo aplicar el morir-resucitar de la Cruz de Jesús? Si lo ignoro, ¡es porque soy pecador!
¿Cómo someterse a Dios al mismo tiempo resistiendo al diablo? Si lo ignoro, es porque soy pecador.
El diablo disfraza a la soberbia como dignidad, a la bajeza como humildad. ¡Y que pronto estamos a creerlo con la creencia de nuestra complicidad! A la temeridad llama valor y a la cobardía prudencia. Pero también disfraza a la temeridad cual valentía y acusa a la legítima prudencia de inmoral cobardía.
¡Si suspirásemos por una dignidad sin orgullo, por gallardía sin obstinación ni soberbia, por humildad sin bajeza, por altura con nobleza!
Dignidad que se afirme para sanar, para considerar, para cumplir solícita el deber. Dignidad que surja nueva de la tumba del ego, limpia, inmaculada y sin pecado. Que discierna las argucias del demonio, sin distorcionar el equilibrio santo del Creador.
Dignidad que no se apresura, que espera cuando ha de esperar, y no demora cuando debe actuar; que no calla cuando debe hablar; que no defiende cobarde su pellejo propio, sino que lo ha rasgado que para que sólo brille un resplandor: el de la santa gloria, el resplandor de Dios.
¡Dignidad, por ti suspiro! ¿Suspiro yo? ¿Qué suspiro por tal cosa es pecador? ¡Hay suspiros vergonzosos de pecado! Los de abajo, de basura, de estiercol y mal olor. Pero hay suspiros por lo Alto, aspiración por lo Sublime. ¡Si por estos suspirásemos!
Dignidad trozada y resucitada para que brille Dios. ¡Por ti suspire yo! ¡Límpiame de la vergüenza de mi gloria! ¡Hazme cristalino para Tu resplandor! Digno como una esposa, siervo como un señor, majestad inocente que olvidada de sí misma está siempre presente. Y que no firme con su propio nombre; que le deje firmar a Dios. ¡Por ti suspire, verdadera dignidad!
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(Bogotá, Colombia. 1989). (Del libro: "Trozos de realidad").
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